DIÁLOGOS
INTERIORES
Desde hace mucho tiempo he
pensado que, no hay que envidiar a nadie y que, para tener un verdadero proceso
de mejoramiento interior, hay que volcarse en sí mismos y no tanto en lo que
hacen los demás.
Lástima que haya personas
que a veces se encuentren en función de otros y no de sí mismos. Y, en ese
danzar, se puede llegar a olvidar que hay tantas cosas que tenemos para dar con
cariño, con sinceridad y sin una gota de hipocresía y menos de protagonismo.
La vida es bella y
encantadoramente maravillosa y sobre todo, cuando se tiene en cuenta que muchas
cosas que nos suceden, terminan pasando por algo. Si son positivas nos llenan
de un inmenso sentido de realización; y, si son negativas, formarán parte de
nuestras experiencias y la mayoría de veces de grandes lecciones para nuestra
vida. ¿Qué ganamos con éstas?... Sí, que
lo hacemos, aunque de igual manera, también dependerá de no querer volver a
repetir aquello que nos causó dolor e incluso en determinados casos: confusión.
No se debe permitir que haya
personas que por diferentes razones, quieran “maquillar” ciertas situaciones
para favorecerse, haciendo quedar mal a los demás. Eso no es de amigos(as).
Se debe practicar el sentido
de la justicia con los demás pero también consigo mismos(as). Por eso, hay que
tener mucho cuidado con aquellas personas que fingiendo una amistad, son
capaces de hablar por la espalda de otros haciendo comentarios que desfavorecen
la imagen de alguien sin saberse qué intenciones se tengan.
Pero hay algo más grave y
doloroso: Que otras personas que también llamándose amigos(as) optan por
quedarse con la información que brinda una sola persona, sin atreverse a
confrontar las versiones cara a cara.
De manera pues, hay que
cuidarse de aquellos que llamándose amigos no pueden tener la lengua quieta y
terminan desacreditando a otros y siguen como si nada. Pero hay algo que se les
olvida, tal y como dice La Palabra de Dios, La Biblia: Que de lo que uno
siembra recoge (Gálatas 6:7) y Tú quién eres para estar juzgando a tu prójimo (Santiago
4:11,12).
ROSSY


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